Vermut Lacuesta Reserva: el día que decidimos tratar al vermut como un gran vino
En 2004 decidimos criar vermut en barrica como si fuera un vino de guarda. Lo que empezó como un experimento se convirtió en un hito: así nació nuestro Vermouth Reserva.
16 Jul 2025 | Martínez Lacuesta
Hubo un tiempo en que el vermut dominaba los bares. En los años 50, 60 y parte de los 70, era el aperitivo por excelencia en muchas regiones españolas. Pero con la apertura económica, la llegada de nuevas bebidas y refrescos, y el reinado imparable de la cerveza, el vermut fue perdiendo presencia. Sobrevivió, sí, en algunas zonas fieles, pero sin la energía de antaño. En ese contexto, la etiqueta de Vermut Lacuesta cambió varias veces buscando adaptarse a los nuevos gustos, aunque el consumo seguía cayendo. Era, como se dice en voz baja, una travesía en el desierto.
Hasta que en 2002, Luis Martínez-Lacuesta decidió hacer algo que cambiaría no solo nuestra historia, sino la del vermut en España.
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Un idea sencilla… y revolucionaria

La pregunta era simple: ¿y si aplicábamos al vermut todo el saber que teníamos en la crianza de vinos? ¿Y si lo tratábamos con el mismo mimo, el mismo respeto, y el mismo nivel de exigencia que un Reserva o un Gran Reserva?
En aquella época, mucha gente creía que el vermut se hacía con los peores vinos. Y que solo era bebible si se le añadía sifón o soda. Pero ¿y si podíamos romper ese prejuicio? ¿Y si dignificábamos el vermut elevando su proceso de envejecimiento?
Luis contactó con dos tonelerías de referencia: Gangutia (en Cenicero) y Guillermo (en Oyón). Les entusiasmó tanto la idea que regalaron una barrica cada uno. Bordelesas de 225 litros, de roble francés con tostado fuerte. Así, en julio de 2004, llenamos las dos primeras barricas con nuestro vermut rojo clásico. La intención era seguir su evolución mediante catas a los 3, 5 y 7 meses.
La alquimia del tiempo
En febrero de 2005, tras una cata con Pedro Puras, técnico de la Estación Enológica de Haro, se confirmó la intuición: los 7 meses de crianza eran la medida perfecta. El resultado era un vermut de color bellísimo, con matices tostados, una profundidad aromática inesperada y, sobre todo, una elegancia nueva. El vermut no se había oxidado. Se había afinado.
Y entonces ocurrió algo inesperado: las primeras 600 botellas se vendieron en apenas dos semanas.
El comienzo de una nueva era
Visto el éxito, se encargaron diez nuevas barricas para iniciar la producción comercial. Y se cuidó hasta el último detalle. Se eligió una botella de diseño italiano —la «Bordelesa cubana»— que, en aquel momento, no se utilizaba en España para vermut, sino para bebidas espirituosas como el ron o la ginebra. También se diseñó un estuche cilíndrico (canister) inspirado en los de whisky de malta o coñac. Las etiquetas se pegaban a mano. El resultado: una presentación que rompía moldes… y que pronto empezó a ser imitada por otras marcas.
El efecto dominó
El impacto del Vermut Reserva fue más allá de nuestras paredes. Muchas bodegas históricas decidieron recuperar sus vermuts. Otras muchas, sin experiencia previa, se animaron a crear los suyos con base de albariños, jereces, riberas… incluso sidras. Y el consumidor redescubrió que el vermut no era un producto de segunda, sino un aperitivo lleno de matices y posibilidades. El Vermouth Lacuesta fue pionero en ese renacer. Y aún hoy seguimos caminando a paso firme, como decía el viejo José María Jové: «Ustedes van lentos, pero llegarán lejos.»
A finales de ese primer año, 2005, ya habíamos vendido 4.436 botellas. Una cifra impensable tan solo ocho meses antes.

Nuevas versiones, misma filosofía
Con los años han llegado nuevas versiones. El Vermouth Reserva Edición Limitada, con 14 meses de crianza. El Reserva Acacia, envejecido en barricas de esa madera, con aromas muy diferentes. O los vermuts blancos, seco y extra-seco, cada uno con su perfil particular. Incluso hemos desarrollado un vermut sin azúcar, edulcorado con estevia, que ha sido muy bien recibido por el público general y por quienes buscan productos sin azúcares añadidos.
En paralelo, al construir la nueva bodega (2007–2009), se destinó un espacio específico a la elaboración de vermuts, separado físicamente de la bodega de vinos por una vía pública, como exige el Consejo Regulador de Rioja. Así, ambos procesos quedan totalmente independientes y podemos seguir elaborando nuestros vermuts con la misma libertad, exigencia y coherencia con la que nació este proyecto.