Conzia: el secreto mejor guardado del Vermut Lacuesta
Conzia recupera la fórmula más antigua y protegida de la casa: un legado de botánicos, tiempo y oficio que la familia Martínez Lacuesta ha custodiado durante generaciones. Un vermut de guarda que mira al pasado para construir algo que solo el tiempo es capaz de explicar.
26 Nov 2025 | Martínez Lacuesta
Conzia es un regreso al origen más secreto del vermut riojano. El origen que la familia Martínez Lacuesta empezó a escribir en 1937, cuando fue pionera en elaborar vermut en La Rioja y “conzia” no era una marca, sino el nombre íntimo de una fórmula secreta de botánicos guardada en la bodega. Desde entonces, cada generación ha entendido que es necesario custodiar y respetar un legado que ahora se relee con otros ojos.
De esa relectura surge hoy Conzia Vermut de Guarda, una edición creada para celebrar los 130 años de historia de la casa. Recupera íntegramente la fórmula original: un extracto de 24 botánicos seleccionados con el rigor de quien ha aprendido a leer la naturaleza como un lenguaje propio. El resultado no es un giro de estilo, sino una forma de llevar al límite lo que siempre hemos hecho en Bodegas Martínez Lacuesta.
Conzia nace de un vino blanco al que se suma ese extracto de botánicos —la histórica “conzia” de la casa— y se cría lentamente en barrica, primero en roble americano y después en roble francés, hasta alcanzar la profundidad y la textura que buscamos en un vermut de guarda. En la copa se muestra ámbar, con reflejos caoba; en nariz es intenso, con notas de manzanilla, genciana, cítricos, vainilla y un fondo de madera noble. En boca manda el equilibrio: dulzor contenido, amargor fino, frescura y un final largo que invita a tomarse su tiempo.

Todo ello, hemos querido trasladarlo también a su presentación. La botella se protege en un estuche que se abre como un libro, con dos alas que revelan un interior de cielos velados que dialogan con la escena de la etiqueta. No es un capricho estético: es una forma de presentar la botella con el respeto con el que se presenta un legado.
La etiqueta continúa ese diálogo. Representa una escena clásica, casi litúrgica, que remite al valor que siempre tuvo la fórmula original dentro de la casa: algo que se transmite, que se interpreta, que se cuida. Ese lenguaje pictórico —más cercano a un fresco que a una etiqueta convencional— expresa mejor que las palabras la naturaleza de Conzia: una creación que existe gracias a quienes la han protegido durante generaciones y que, aún hoy, mantiene algo de misterio.
Pero Conzia es, ante todo, una conversación entre lo antiguo y lo nuevo: la misma idea de vermut que nos acompaña desde hace décadas, llevada a un territorio donde el tiempo tiene más peso que la prisa. No busca deslumbrar al primer sorbo; prefiere desplegarse poco a poco, como esas historias que solo se revelan cuando uno está dispuesto a escucharlas.
Conzia es un vermut para descubrir lentamente, pensado para quienes aprecian lo auténtico y, al mismo tiempo, no renuncian a lo inesperado. En ese punto intermedio —entre la memoria y la ambición, entre lo terrenal y lo que casi se escapa de las palabras— es donde Conzia encuentra su sitio. Y donde entendemos que hay silencios, y también vermuts, que solo el tiempo es capaz de explicar.
