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Martínez Lacuesta: La Caricia del Vino

Javier Bañales nos resume el ADN de "unos vinos pensados para el tiempo."

07 Mar 2025 |

Hacer vino, hablar de vino, vivir el vino… Para nosotros, es mucho más que un oficio. Es una filosofía de vida. Una manera de entender el tiempo y de respetarlo, porque en cada botella se esconde el latido de los años. Creemos en la finura, en lo clásico, en lo que nos gusta llamar “la caricia del vino”: esa sensación que solo el paso del tiempo puede regalarnos, donde cada sorbo se convierte en un reflejo de la historia que llevamos dentro.

Nuestra labor no es solo elaborar vino, sino afinarlo, guiarlo en su evolución como si fuéramos alfareros modelando una pieza con precisión. No buscamos la vigorexia enológica ni la opulencia, sino la elegancia, la sutileza, la capacidad de emocionar sin estridencias. En la reciente Cata Underground, que tuvimos el gusto de protagonizar gracias a Nuevecuatrouno y al Calado de Ruavieja, compartimos cuatro de nuestras joyas, vinos que llevan en su ADN nuestra obsesión por la longevidad, la frescura y la precisión. Vinos pensados para el tiempo y no para la prisa.


CAMPEADOR VIURA 2023: LA PRECISIÓN DEL CLASICISMO

Si algo nos gustaría con este vino es poder guardarlo un año más, dejar que afine en botella y que el tiempo lo vista con sus mejores galas. Pero la vida es así y hay vinos que salen al mundo antes de lo que quisiéramos. Este es uno de ellos.


Este vino es el resultado de nuestra obsesión por la Viura, una variedad que, a veces, se considera neutra, pero que nosotros defendemos como una de las más bonitas y resilientes del mundo. Porque la Viura es así: cuanto más la desafías, más te da. Cuanto más la trabajas con madera, con tiempo y con oxígeno, más crece.

Es un vino que sigue la tradición de los blancos históricos de Rioja, fermentado parcialmente con pieles, con una vinificación que busca darle más dimensión y profundidad. Nos regala una nariz vibrante y crujiente, más afilada, más compleja.

Criado en una tina de 500 litros con cuerpo de roble francés y tapas de acacia, es un vino de textura sedosa, de esos blancos que no solo son para beber ahora, sino para guardar. Porque si algo hemos aprendido en esta casa es que el tiempo no es un enemigo, sino el mejor aliado de los grandes vinos.


Cuando lo pruebas, sientes esa frescura crujiente, esa acidez vibrante que hace que el vino tenga capacidad de volar en el tiempo. Nos gusta decir que un buen vino blanco debe tener el equilibrio de un cuadro de Goya: ni le falta una pincelada ni le sobra. Es pura precisión.


No es un blanco clásico de Rioja. No es un vino inmediato. Es un blanco de guarda, un vino gastronómico que pide tiempo y oxígeno. Hoy es puro nervio y tensión, pero con los años se volverá sedoso, con esa elegancia que solo el tiempo concede.


CAMPEADOR RESERVA 2019: LA ELEGANCIA DEL TIEMPO

Campeador es una de esas marcas que llevan el peso de la historia en su nombre. Registrada en 1916 con la intención de elaborar champán y vinos tintos, ha evolucionado con los años sin perder su esencia. Siempre hemos seguido la inspiración de lo que en Rioja Alta se llamaba la visión borgoñona, buscando vinos con equilibrio, profundidad y frescura.

La añada 2019 marcó un punto de inflexión en nuestra bodega. Dimos un paso más en la construcción de un vino con una capacidad de envejecimiento extraordinaria. Para ello, apostamos por un ensamblaje que combina lo mejor de dos mundos: 50% Tempranillo de Rioja Alta y 50% Garnacha, pero con un matiz importante. Dentro de esa garnacha, el 35% proviene de Rioja Alta, aportando tensión, rectitud y frescura, mientras que el 15% es de Rioja Oriental, sumando volumen y estructura.

En cuanto a la crianza, cada variedad ha seguido su propio camino. La Garnacha ha madurado durante 28 meses en barricas de tercer y cuarto uso de roble americano, buscando refinamiento sin perder la fruta. El Tempranillo, en cambio, ha pasado 32-33 meses en barrica, aportando profundidad y complejidad.

El resultado es un vino que, desde el primer momento, nos devuelve al origen de Campeador. Lo catamos y sentimos que es él. Tiene finura, equilibrio y una fragancia precisa, con una integración de la madera perfecta y una frescura que lo mantiene vivo. En boca, despliega capas y capas de matices, con una textura sedosa que llena sin pesar. Y lo mejor es su final: no es un vino que desaparece, sino que deja un eco persistente, siempre regresando a la fruta.

Sabemos que este vino está diseñado para la guarda, que dentro de años mostrará su grandeza con toda claridad. Pero también sabemos que hoy ya nos adelanta lo que será: una joya que no solo se bebe, sino que se recuerda.


HINIA 2015: LA CARICIA

Hinia es una identidad propia dentro de nuestra bodega. Un vino que nace de la fina precisión del clasicismo, de la búsqueda de la pureza, la limpieza y la textura perfecta. En los viñedos de Haro, encontramos fósiles de caracolas prehistóricas llamadas Seostinia, y de ahí surgió el nombre de este vino, que queríamos que tuviera vida propia dentro de nuestra historia.

Muchas veces, cuando se habla de reservas clásicos en Rioja, se piensa en vinos con exceso de madera, en vinos pesados y antiguos. Pero el clasicismo de verdad no es eso. Clasicismo es precisión, es equilibrio, es finura. Y eso es lo que representa Hinia 2015.

Esta añada, que sale ahora al mercado, es un testimonio del valor de la afinación en botella. No tuvimos Hinia 2014 porque no quisimos forzar una añada que no nos convencía. Pero en 2015 encontramos un equilibrio perfecto, un vino que desde el inicio mostraba una tensión rectilínea, una frescura vibrante y una capacidad de envejecimiento excepcional.

Al llevarlo a la nariz, sentimos fruta negra madura, aromas de frutos escarchados y una madera increíblemente bien integrada. Es un vino con profundidad, pero también con ligereza, con ese estilo bordelés que lo hace directo, fino, sin artificios. Si Campeador tiene más capas y volumen, Hinia es más lineal, más esbelto, con una frescura que sigue viva en boca y que invita a seguir bebiendo.

Hinia 2015 fue embotellado en 2018 y ha pasado casi siete años en botella, dejando que el tiempo hiciera su trabajo. Y ese tiempo ha sido su mejor director de orquesta, afinando cada elemento hasta lograr una armonía total.

Hinia 2015 es un vino que se siente. Nos habla de calma, de equilibrio, de esa caricia que solo los grandes vinos saben dejar. Una de las grandes creaciones de nuestra bodega en los últimos años.


COLECCIÓN FAMILIA 2012: HERENCIA VIVA

En el mundo del vino hay modas, hay tendencias que van y vienen, pero hay algo que permanece: el legado. En Rioja tenemos una historia que no podemos perder, vinos que han sido testigos del tiempo y que siguen siendo referentes, no porque se queden anclados en el pasado, sino porque han sabido evolucionar sin perder su esencia. Los clásicos, al final, fueron los vanguardistas de su época.

Colección Familia nace con ese espíritu. Este vino es un homenaje a la identidad de nuestra bodega, a esos grandes reservas históricos que marcaron un estilo y que han quedado grabados en la memoria de quienes aman el vino. Si abrimos un álbum de fotos de nuestra bodega, veremos etiquetas de 1922, de 1928, de 1970… y todas cuentan la misma historia. Quisimos rendir tributo a esa tradición y dar a este vino el lugar que se merece dentro de nuestra familia.

La añada 2012 es un ejemplo perfecto de lo que significa la paciencia y la precisión. Un vino que ha esperado su momento, que sale ahora al mercado después de 13 años de evolución. La diferencia con Hinia no está solo en la añada, sino en el ensamblaje: aquí el Tempranillo es el gran protagonista (75%), pero con un 20% de Graciano y un 5% de Mazuelo, lo que le aporta estructura, frescura y una tensión vibrante en boca.

Al llevarlo a la copa, nos encontramos con una nariz limpia, elegante, equilibrada, donde la fruta aún está presente, pero se entrelaza con notas de tabaco, especias y esa profundidad que solo da el tiempo. En boca, la sensación es de eternidad. Todavía hay frescura, todavía hay jugosidad, pero al mismo tiempo, hay serenidad. El Graciano aporta ese abrazo firme a mitad de boca, la acidez mantiene el vino vivo, y el final es refinado, sutil, sin aristas.

Colección Familia 2015 representa nuestra filosofía de siempre: precisión, limpidez, elegancia, clasicismo. Volver a nuestras raíces no es nostalgia, es reafirmar lo que somos. En un mundo en el que todo va demasiado rápido, tener un Gran Reserva de 2012 en la copa es como abrir un libro de historia y leer en cada sorbo el verdadero significado de Rioja.